Sacó del bolsillo
su móvil y llamó a su hermana.
–¡Sara, éste
lugar es increíble!– casi no podía articular palabra.
–Sergio, haz el
favor de quitarte el número oculto, que ya van tres veces.– dijo
ella.
–Esta bien
hermanita, pero ven lo antes que puedas, te encantará nuestra nueva
casa.
Sergio colgó, dejó
el teléfono encima de la mesa y se fue al supermercado. Quería
comprar algo para comer y algunas cosas más.
Bajó las escaleras
y siguió esa calle arriba, a la segunda esquina giró a la derecha.
Entró en el Consum. Fue a la sección del pan. Para su sorpresa se
encontró con un compañero de clase.
–¿Qué tal el
verano Jordi?– preguntó Sergio por educación.
–Pues muy bien,
pasando calor y eso, ¿y a ti qué tal te va?– contestó Jordi.
–Muy bien también,
me he mudado aquí cerca, al edificio que hay al lado de la papelería
Papers.
–Tío eso está
enfrente de mi casa.– dijo Jordi emocionado.
–Que suerte tío,
cuando tenga la casa arreglada te pasas un día y echamos unas
partidas a la Play.
–Vale tío, nos
vemos.– dijo Jordi finalmente.
Acabó de hacer la
compra y regresó a casa, Sara ya había llegado.
–Tenías razón
Sergio, me encanta.– dijo ella.
–Te lo dije, tiene
pinta de ser mágico.
–¿Te has quitado
ya el número oculto?– espetó ella.
–Sí.– mintió
él.
Sergio colocó la
compra. Aquella nevera gris ya no le parecía tan vacía. Mientras
Sara estaba colocando las cosas en su cuarto y haciendo la cama.
–No te olvides de
limpiar el baño, hermanita.– dijo Sergio con algo de retintín.
–Gilipollas.–
contestó ella.
–La taza bien
limpia, que pueda ver mi cara en ella.– continuó él fastidiando.
–Tranquilo
hermanito, tu cara dentro de muy poco acabará ahí dentro.– dijo
entre risas.
–Tú siempre tan
graciosa, Sara.
–Tú siempre tan
considerado, Sergio.
A menudo solían
picarse entre los dos, era algo que solo las personas que tienen
hermanos pueden hacer.
Y poco a poco pasó
el tiempo, y el orden reinaba en aquella casa que ambos compartían.
El curso ya había empezado. Y el calendario rondaba por el mes de
noviembre.