En
principio iba a ser la noche más increíble de su vida. Tenía
pensado pegarse un gran fiestón ya que llevaba una racha de malas
situaciones en su vida. Sus padres llevaban semanas sin hablarse y
las pocas veces que se hablaban acababan a gritos. La situación en
casa era insoportable. Y para culminar las preocupaciones de un
adolescente salido, le había dejado la novia.
Esa
noche salió con los amigos con intención de pasar la mejor noche
hasta entonces. Fueron primero al bajo de Marc, siempre solían estar
ahí en invierno cuando hacía frío. De la nevera empezaron a salir
botellas y más botellas de alcohol y la noche iba mejorando por
momentos. Miquel, siempre fiel a sus costumbre, sacó bastante
marihuana. Miquel tenía plantación en casa. Serían sobre las doce
y media cuando fueron unas amigas al bajo. Sergio no tardó ni diez
minutos en comerle los morros a una de ellas. Iba muy borracho en
aquel momento pero aún quería más, quería mucho más. Le pidió a
Miquel que le diera un porro. Quería probarlo.
Sentía
como entre sus manos crecía algo grande. Como, calada tras calada,
las preocupaciones disminuían. Era una sensación increíble. Podía
reírse de cualquier cosa. Podía sentir que tocaba el cielo solo con
mirar el suelo. Se sentía bien consigo mismo.
Cogió
del brazo a aquella chica, no recordaba su nombre, y se la llevó al
cuarto de baño. Se miró los ojos por un momento en el espejo medio
descolgado e iluminado con una tenue luz amarilla. Parecía que de
ellos fueran a brotar chorros de sangre. Sacó de su cartera un
condón y se lo mostró a aquella chica. Ella lo miró, sus ojos
indicaban un «adelante».
Lo hicieron, los gemidos de la muchacha se escuchaban por todo el
bajo. Media hora más tarde, cuando salieron del baño ya no había
nadie en el bajo.
Sergio
sacó su móvil y llamó a Marc.
–Tío,
¿dónde os habéis metido?– dijo Sergio con la respiración
aún alterada.
–Ey,
tío, estamos en la discoteca esta que abrieron hace dos semanas.
¿Cómo se llamaba? ¿Terro..? ¿Tetr..? Bueno tío tú sabes a cuál
me refiero. Os habíamos dejado solos, pensábamos que sería lo
mejor. En la mesa tienes la llaves, cierra el bajo y veniros.– dijo
Marc tratando de hablar entre los golpes de la música.
–Vale
tío, enseguida vamos.
Sergio
miró a los ojos a aquella jovencita. Estaba exhausta, pero Sergio
aún quería más.
–Tenemos
dos posibilidades nena, ir a esa discoteca, abarrotada de gente y
aburrida, o quedarnos aquí y follar cual conejos en celo, tú
decides pequeña.– dijo con el plan más chulesco que hasta ahora
había mostrado.
–Un
día normal apostaría por esa idea de follar sin parar, pero ya he
dejado tiradas a mis amigas bastante rato...–contestó la chica un
poco ruborizada.
–Está
bien, vayamos a esa estúpida discoteca.
Ambos
se dirigieron a aquella discoteca, estaba a poco rato de el bajo de
Marc. En apariencia tenía pinta de ser bastante buena, una entrada
muy bien iluminada decorada con motivos griegos dejaba a paso a una
interminable cola de personas, la mayoría nerviosas por no poder
entrar. Un control de 4 seguratas en total velaba por que no entraran
menores. Sergio y la muchacha no tuvieron ningún problema, con un
DNI falsificado es fácil. El arte de falsificar DNI's es muy
sencillo, tan sólo requiso tipex y un estilógrafo de 0,05mm, el
resto fue pan comido.
Una
vez dentro trato de localizar a sus amigos, pero no podía ponerse a
mirar en las 4 salas con la cantidad inmensa de gente que había.
Optó por llamar a Marc. «Venga,
contesta de una vez» se
decía mientras el teléfono comunicaba. Volvió a insistir unas 8
veces más, pero tampoco obtuvo respuesta.
–¿Y
ahora qué hacemos?– preguntó la muchacha un poco intranquila.
–Trata
de localizar tú a tus amigas, a lo mejor están con ellos.
–Ya
lo he intentando.
–¿Y
bien?
–Nada,
tampoco contestan. Tal vez se hayan dejado el móvil en el
guardarropas, o tal vez no lo oigan por el alto volumen de la música.
–Es
posible, bueno, ¿qué hacemos?
–¿Quieres
venirte a mi casa? La tengo libre hasta el martes.
–No
parece mala idea, pero antes paso por mi casa y cojo algo de ropa y
le pongo cualquier escusa a mis padres.
Esa
noche empezó el desenfreno de Sergio, no cambio su forma de pensar,
esa maduró con el tiempo, pero se convirtió en una persona
diferente con las mujeres. Descubrió el placer el sexo por que sí,
del folleteo sin amor y pasó de ser un chico tímido y entregado en
las relaciones a un chaval de 'aquí te pillo, aquí te follo'.
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