sábado, 13 de octubre de 2012

CLAVELES Y ROSAS; CAPÍTULO 9.



Se acercó a la ventana, tenía vistas a una gran avenida, y miró a través de esos cristales un poco escarchados por el frío. Por la calle se veían a pequeñas personas, vistas desde ése segundo piso, con paraguas; el tránsito de coches era el habitual, ni más ni menos, era un vía bastante transitada. Apartó la vista de la ventana y la posó sobre una mesa de cristal. Miró el reloj primero. Sara aún tardaría en llegar. Y solo después de esta comprobación cogió el paquete de Camel que había sobre la mesa. Abrió la cajetilla y sacó un cigarro. Por un momento pensó que había cogido el que solía poner del revés, pero no fue así. Sacó de su bolsillo trasero un mechero rojo, tenía la manía de que siempre fuera del mismo color. Se acercó de nuevo a la ventana, y esta vez contemplando el grisáceo cielo, se encendió el cigarrillo.

Se podría decir que era de noche, pero no, aún eran las cinco y media de la tarde, simplemente el cielo estaba más oscuro de lo normal. Abrió un poco la ventana, para que pudiera salir el humo del cigarrillo. Hacía mucho frío por lo que se vio obligado a cerrarla de nuevo. Cogió el mando de la tele y se sentó en el sofá tapizado con un color rojo.

Durante unos minutos hizo zapping pero no hacían nada bueno. Siempre la misma mierda de programas del corazón. Se iba a levantar a por el mando del home cinema cuando recibió una llamada en el móvil. Tardó bastante rato en contestar, adoraba su tono de llamada.

–Dime.– dijo él como pasando del tema.
–¿Podemos quedar esta tarde?– respondió una voz detrás del teléfono.
–¿Para?– replicó.
–Para lo de siempre.– dijo la voz con un tono de súplica.
–Está bien, a las seis y media en el mismo sitio de siempre.– dijo no muy convencido aún.
–Vale, nos vemos luego.

Sergio miró la hora, las seis menos cuarto, «¿Me dará tiempo a ducharme?», pensó. Recapacitó unos minutos y se metió en la ducha.

Notaba el agua caliente caer por sus músculos ya marcados tras meses de gimnasio. No había mejor sensación que una buena ducha en los días fríos. Tras unos quince minutos salió de la ducha. El cristal estaba completamente empañado. Quitó el vaho con la mano, se miró al espejo y se peinó con la mano su coqueta cresta. Buscó con la mirada la toalla, pero no la vio ningún lado. Salió desnudo de aquel baño y se dirigió a su habitación. Abrió una de las puertas del armario y sacó una toalla blanca. En los bajos de la toalla estaba bordado el nombre Mont Blanch, la habían “cogido prestada” de un hotel del pirineo catalán. Fue el último viaje que hizo con su familia al completo. Se envolvió en la toalla y se quedó sentado al borde de la cama. Se secó bien y sacó del armario sus Levis, una camiseta que había comprado en Pull and Bear y las Vans rojas. Y ahora sí, encendió la radio. Mientras se vestía cantaba esa canción que escuchaba siempre que salía de fiesta. Esa canción que le daba fuerzas para aguantar un rato más.

Volvió a mirar el reloj, las seis y veinte. Se puso rápidamente los calcetines blancos y las Vans y salió de casa apresurado. Le quedaban aún diez minutos de camino mínimo. Ya estaba casi saliendo cuando la lluvia le obligó a subir a por un paraguas. Subió corriendo aquellos 56 escalones. Abrió la puerta y cogió el paraguas rojo de su hermana. Bajó de nuevo las escaleras corriendo y, esta vez sí, se dirigió al lugar acordado. 

2 comentarios:

  1. Voy a tenerme que leer todos los fascículos anteriores (el sistema de 'entregas' no es el más acertado para un blog) si quiero disfrutar plenamente de la historia. En cualquier caso, muy bien escrito.
    Gracias por la actualización.

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    1. De nada, y ya sabes que puedes dar cualquier sugerencia. Y lo que es el blog lo iré poniendo en orden con el tiempo, no hace mucho que lo tengo.

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